martes, 24 de abril de 2018

INICIATIVA QUE BUSCA DESMANTELAR EL ESTADO LAICO

Por Armando Maya Castro
Defensores del Estado Laico manifiestan su rechazo a la iniciativa que pretende reformar la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. (Imagen tomada de Perfil Urbano

Una nueva embestida contra el Estado laico, una vez más de parte de los diputados del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Esta vez no buscan reformar un artículo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sino la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público (LARCP), "reglamentaria de las disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en materia de asociaciones, agrupaciones religiosas, iglesias y culto público".

Algunas voces señalan que el PRI busca echar por tierra "los principios de laicismo que llevó como estandarte [...] durante casi 90 años”. Esto escribe Romina Román Pineda en un texto publicado en La Silla Rota, en el que señala que, ante el rezago de José Antonio Meade en el actual proceso electoral, "el priísmo actual se apresta a entregar a las iglesias [debió decir iglesia católica] todo aquello que habían solicitado en las últimas tres décadas y que la reforma que impulsó el ex presidente Carlos Salinas de Gortari no alcanzó a otorgares".

Esta iniciativa de reforma nos recuerda el lamentable proceder de la bancada del PRI, el 15 de diciembre de 2011. Ese día, diputados del tricolor y de Acción Nacional dieron respaldo total a la reforma del artículo 24 constitucional, presentada como iniciativa de ley por el diputado priísta José Ricardo López Pescador, con la clara intención de “introducir de manera directa la educación religiosa en escuelas públicas, vía los padres de familia, como se apuntaba en el proyecto original” refiere el especialista Bernardo Barranco.

Es importante señalar que la LARCP ha sufrido diversas modificaciones desde que fue publicada en el Diario Oficial de la Federación, el 15 de julio de 1992. La última de estas reformas tuvo lugar el 17 de diciembre de 2015, y es probable que pueda sufrir muchos otros cambios, pues las leyes no son perfectas sino perfectibles.

El problema es que la iniciativa de reforma presentada por los legisladores Carlos Iriarte Mercado y José Hugo Cabrera Ruiz, del Grupo Parlamentario del PRI, atenta contra el carácter laico del Estado, y es contraria al principio histórico de la separación del Estado y las iglesias, ya que abre la puerta a las iglesias para que:
  • Realicen manifestaciones públicas y con fines religiosos.
  • Obtengan bienes inmuebles sin el visto bueno de la Secretaría de Gobernación, la instancia que tiene a su cargo vigilar el cumplimiento de los preceptos constitucionales en materia de culto público, iglesias, agrupaciones y asociaciones religiosas.
  • Adquieran concesiones de radio y televisión, buscando beneficiar por encima de todo a la iglesia que, en México y el mundo, cuenta con más recursos económicos.
  • Reciban contribuciones económicas no reguladas.
  • Ejerzan el derecho a la objeción de conciencia.
  • Tengan derecho a controlar y operar medios de comunicación masiva. 
Respecto a este último punto, el especialista en medios de comunicación y editorialista de El Universal, Javier Tejado Dondé, señala lo siguiente:  "Ahora, de aprobarse la iniciativa, ya no sólo no se requería permiso, sino que las iglesias podrían tener sus propios periódicos, revistas y concesiones de radiodifusión y telecomunicaciones, con lo que se abriría la posibilidad de llevar ceremonias religiosas todo el día si así lo quisieran". 

La iniciativa es riesgosa porque el texto de reforma propuesto en el artículo tercero, "abre el acceso a reclamar educación religiosa en las escuelas públicas", esto de acuerdo con un documento titulado Riesgos de la Reforma, el cual señala que la iniciativa de manufactura priísta "rompe la laicidad del Estado al establecer que a pesar de ser el Estado laico, no podrá ejercer su laicidad en todos los ámbitos (públicos y de servicio como la educación), contrario a ello, pone por encima de la laicidad a la libertad religiosa, lo que traerá como consecuencia que los padres de familia le exijan al Estado que se les imparta educación religiosa en las escuelas".

Preocupa, y mucho, que la iniciativa de reforma en cuestión proponga en el citado artículo que las iglesias “puedan proponer y, en su caso, llevar a cabo acciones conjuntas con el Estado para la promoción del desarrollo cultural y social de las personas, así como de asistencia social”.

Estará de acuerdo conmigo, estimado lector, que esto último vulnera en gran manera el carácter laico de la educación pública, asentado en el artículo tercero constitucional, un artículo que sigue en la mira de los políticos partidarios de la jerarquía católica, quien trabaja desde distintos frentes para logar el retorno de la educación confesional a los establecimientos de educación oficial.   

Concluyo señalando que el pueblo de México tiene un modelo de educación acorde con su realidad actual. Somos un país religiosamente plural, razón por la cual la educación y el Estado deben seguir siendo laicos, como disponen los artículos 3º y 40 de nuestra Carta Magna. 

Twitter: @armayacastro

Publicado en la edición impresa de El Mexicano de Tijuana, el 24 de abril de 2018. 

martes, 30 de enero de 2018

LA INTOLERANCIA RELIGIOSA, DISPUESTA A REPETIR LOS MALES DEL PASADO

Por Armando Maya Castro

El odio religioso perpetró una de sus peores masacres la noche del 24 de agosto de 1572, evento cruel que la historia registra como la Matanza de San Bartolomé, en el que más de 10 mil fueron asesinadas con lujo de crueldad

Los recientes casos de intolerancia religiosa en los estados de Chiapas y Oaxaca me llevan a recordar un acontecimiento doloroso que por ningún motivo debemos olvidar. 

A principios del siglo XVI, el calvinismo tuvo importante impacto entre los miembros de la nobleza, las clases intelectuales y la clase media de Francia. 

En esa nación, el pensamiento de Juan Calvino fue determinante para la fundación del movimiento hugonote, que gozó, en un principio, de la protección de la reina de Navarra, Margarita de Angulema, y de su hermano el rey Francisco I de Francia. 

Temporalmente, la tolerancia y amparo que este monarca brindó a los calvinistas, fue un bálsamo para todos ellos. Y es que antes de este trato tolerante por parte del rey, los hugonotes habían sido hostilizados por la mayoría católica, quien “perturbaba con afrentas sus sepelios y funerales, les daba el mismo trato que a brujas y herejes y destruía sus templos”, refiere el historiador Veit Valentín.

En 1530, Francisco I retiró de manera inexplicable la protección que había brindado a los protestantes en la década de los años veinte del siglo XVI. 

Esta medida fue resultado de una serie de presiones clericales para obligar al rey a poner fin a la protección de los hugonotes, y a emprender contra ellos una violenta persecución. 

El trato cruel hacia los protestantes de Francia no se limitó al reinado de Francisco I; continuó bajo el reinado de su hijo, el rey Enrique II, quien contrajo nupcias, en 1533, con Catalina de Médicis, la mujer que habría de protagonizar una de las peores masacres registradas en la historia: la matanza de la Noche de San Bartolomé, de la que nos ocuparemos en los siguientes párrafos.   

Haciendo gala de gran habilidad, Catalina de Médicis, en complicidad con su hijo, el rey Carlos IX, asestaron un golpe fatal a la causa protestante. En 1570, Catalina y su hijo hicieron creer a los hugonotes que las diferencias religiosas entre católicos y hugonotes habían quedado en el pasado. La firma de un tratado que garantizaba la libertad de cultos en el reino era, en apariencia, la mejor prueba del cese del conflicto. 

El grave error de los calvinistas fue creer de todo corazón que los católicos respetarían la validez de aquel convenio, sin sospechar que se trataba de una trampa hábilmente organizada con la intención de liquidarlos de un solo golpe.

Diez años antes de la tristemente célebre Noche de San Bartolomé, el fanatismo católico había masacrado —en Vassy— a cien calvinistas. Las consecuencias de esta feroz matanza fueron cuatro guerras entre católicos y hugonotes que se libraron de 1562 a 1572. 

Como ningún partido tenía la suficiente fuerza para imponerse a su adversario, ambas partes pidieron ayuda al extranjero. Los católicos solicitaron el apoyo de Felipe II rey de España y los hugonotes recurrieron a Isabel de Inglaterra.

Desde 1563, con el Tratado de Amboise, el almirante Gaspard de Coligny, líder de los hugonotes, creía haber conseguido condiciones favorables para la libertad religiosa y la tolerancia de los hugonotes en Francia. Aparte del Tratado de Amboise, Coligny conquistó condiciones muy propicias en el Tratado de Saint-Germain-en-Laye, en 1570, un acuerdo que puso fin a la tercera guerra de religión, pero no a la intolerancia religiosa. 

Lamentablemente, este último tratado produjo en la mayoría de los hugonotes una confianza excesiva. Su mente jamás imaginó, ni siquiera vagamente, las maquinaciones y planes de Catalina de Médicis y de Carlos, su sanguinario hijo. 

Para aniquilar a los discípulos de Juan Calvino, la reina madre se valió de su propia hija –Margarita de Valois–, a quien enlazó matrimonialmente con el príncipe protestante Enrique de Navarra. A esta boda, que se celebró en la ciudad de París, asistieron cientos de hugonotes. 

Todo estaba ideado para que, al darse una señal acordada, los soldados de Catalina masacraran a los protestantes en diversos puntos de la ciudad. El primero en caer fue Coligny, al que los papistas iracundos mutilaron y arrastraron por tres días a lo largo y ancho de París. Finalmente lo colgaron por los pies en las afueras de la ciudad, exhibiendo así su irracional triunfo. 

Las calles de la capital francesa se convirtieron en ríos de sangre la noche del 24 de agosto de 1572. No contentos con lo hecho en París, los intolerantes persiguieron sin piedad a los protestantes en todos los rincones del reino: Orleans, Rouen, Meldith, Lyon, Augustobona, Avaricum, Troys y Toulouse. 

Concluyo mi columna compartiéndoles el testimonio de Juan Foxe, autor de la obra El Libro de los Mártires, quien relata la participación criminal de los clérigos católicos en este monstruoso acto: “sosteniendo el crucifijo en una mano y una daga en la otra, corrían hacia los cabecillas de los asesinos, y los exhortaban enérgicamente a no perdonar ni a parientes ni a amigos”.  

El anterior relato es historia, me queda claro, pero una historia que debemos recordar, porque la intolerancia religiosa por desgracia no ha desaparecido. Está ahí, dispuesta a repetir los males del pasado, aunque no lo haga en la misma proporción. 

Twitter: @armayacastro 

martes, 12 de diciembre de 2017

LA PEDERASTIA CLERICAL Y EL RETO DE CARLOS AGUIAR RETES

Por Armando Maya Castro
El cardenal Carlos Aguiar Retes promete cero tolerancia para curas pederastas al frente de la arquidiócesis primada de México (Foto: Animal Político). 

El cardenal Carlos Aguiar Retes, nacido el 9 de enero de 1950 en la ciudad de Tepic, Nayarit, acaba de ser designado titular de la Arquidiócesis Primada de México, distinguida como tal por decisión pontificia del 29 de junio de 1951, por su antigüedad e importancia histórica.

La designación en cuestión ocurrió el pasado 6 de diciembre, día en que el papa Francisco aceptó la renuncia de Norberto Rivera Carrera, el cardenal que ha sido señalado como encubridor de curas pederastas, uno de ellos el sacerdote Nicolás Aguilar Rivera, acusado de más de 80 delitos sexuales contra menores.

La protección al cura antes mencionado comenzó cuando el hoy arzobispo emérito de la Ciudad de México se desempeñaba como obispo de Tehuacán, Puebla, una diócesis donde los ataques sexuales del cura Nicolás Aguilar “eran ‘secreto a voces’ hasta que en 1986 Nicolás apareció mal herido, tirado en un charco de sangre a consecuencia de una fuerte contusión en la cabeza” (Martínez, 2006).

Quienes han investigado el caso afirman que, para librar a Nicolás Aguilar de la acción de la justicia en México, Rivera Carrera “trasladó al sacerdote a la diócesis de Los Angeles en 1988, argumentando que tenía problemas de "salud" y "familiares", según consta en el intercambio epistolar con el cardenal de Los Angeles, California, Roger Mahony” (Martínez, 2006). 

Pero sus acciones de presunto encubrimiento se extienden a curas como el sacerdote Carlos López Valdés, quien fue “acusado de pederastia en agosto del 2007 por un joven de quien abusó sexualmente durante cuatro años, desde 1994 hasta el 98” (Beltrán, 2016).

En más sobre este cura pederasta, Martínez (2016) nos cuenta:

El ex sacerdote fue detenido por elementos de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) de la Ciudad de México en Jiutepec, Morelos, bajo la orden girada por el juez 55 penal en la causa 244/08, e ingresado [...] en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente.

La detención del sacerdote, imputado del abuso en agravio de acólitos pertenecientes a la parroquia de San Agustín en la Ciudad de México, ocurrió el 27 de agosto de 2016. Al respecto, Bernardo Barranco plasma en su libro Norberto Rivera: El pastor del poder (Grijalbo, 2017), la indignación de una de las víctimas del cura López Valdés:

“Estoy muy sorprendido del arresto", afirmó Romero Colín, entrevistado por Rodrigo Vera. "Yo denuncié al sacerdote del cardenal Rivera desde hace nueve años ante la procuraduría capitalina, y ésta jamás hizo nada. Lo mantuvo en la impunidad pese a las pruebas en su contra. Hasta ahora se le arrestó, justo cuando el cardenal se está oponiendo duramente a la iniciativa del presidente Peña Nieto que intenta legalizar los matrimonios gays", abundó el joven.

Aunque el cardenal ha insistido en que no ha protegido a ningún pederasta, el ex sacerdote Alberto Athié lo señala de haber encubierto a Marcial Maciel, el depredador sexual más peligroso en la historia de la Iglesia católica en México, razón por la cual llama al cardenal del poder “encubridor sistemático de pederastas” (Noticias MVS, 05/02/2015).

Por los casos de presunto encubrimiento de Rivera Carrera, y por otras acusaciones en su contra, Barranco considera que la “principal tarea de Carlos Aguiar Retes al frente de la arquidiócesis será:

"…reestructurar a la Arquidiócesis, la cual se encuentra en un "profundo deterioro", al presentar una disminución en el número de fieles. Entre 1990 y 2010, el número de católicos en la Ciudad de México disminuyó 8%, al pasar de 92.4% en 1990 a 84.4% en 2010, según datos del Inegi" (Rivera, 2017).

Sobre esto último, es oportuno señalar que la disminución en el número de católicos no es un problema privativo de la arquidiócesis primada de México. Estas deserciones se producen todos los días y en todos los países donde la Iglesia católica tiene presencia, pues, en todos ellos, integrantes del clero católico ha protagonizado diversos tipos de escándalos.

Incluso, el nuevo arzobispo primado de México ha sido señalado de haber encubierto a curas pederastas. Al menos eso es lo que Roberto Rock L., señala en su columna Retrato Hereje, publicada el pasado 10 de diciembre en el diario El Universal:

Aguiar acumula su propia lista de imputaciones en materia de protección a curas señalados por pederastia. Estando al frente de la diócesis de Texcoco, le asignó la parroquia de Otumba al sacerdote nicaragüense Zenón Corrales Cabrera, quien había huido de Nicaragua acusado de pederasta".

Con estos antecedentes, surge la pregunta: ¿logrará Aguiar Retes restructurar una arquidiócesis que, a decir de Jorge Traslosheros, “se encuentra desarticulada y sin un proyecto pastoral”? La pregunta queda ahí, para el análisis; la respuesta nos la dará el tiempo.


Twitter: @armayacastro  


jueves, 19 de octubre de 2017

ENEMIGOS DE LA EDUCACIÓN LAICA

Por Armando Maya Castro
Los enemigos del carácter laico de la educación siguen procurando el retorno de la instrucción religiosa a las escuelas públicas (Imagen: Infórmate Salta).  

A pesar de las encíclicas papales que demuestran la postura tradicional de la Iglesia católica sobre la educación, existen voces que afirman, sin poder demostrarlo, que esa institución no es enemiga del carácter laico de la educación laica.

En mi columna de este día intento demostrar cómo diversos papas han condenado la educación laica en diversos momentos de la historia. Uno de ellos fue Giovanni María Mastai-Ferreti (Pío IX), quien emitió en 1864 la encíclica “Quanta cura” con su apéndice “Syllabus Errorum”, un compendio de 80 errores, en donde se condena el matrimonio civil, el divorcio, la enseñanza laica y todas las conquistas de la doctrina liberal.

Redondo (1993) señala que "las condenas del liberalismo por Pío IX en la ‘Quanta cura’ y en el ‘Syllabus’ vinieron motivadas directamente por la nueva Constitución mexicana de 1857 y, sobre todo, por las Leyes de Reforma de Benito Juárez, de 1859”.

Cuando el General Porfirio Díaz Mori asumió la presidencia de la República, el 23 de noviembre de 1876, la Iglesia católica empezó a recuperar parte de su antigua influencia en materia educativa, política y económica. El crecimiento en el número de escuelas e instituciones católicas fue uno de los privilegios que el régimen porfirista concedió al clero de la época.

Al respecto, David Guerrero Flores, Investigador del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), en su artículo “Estado, Iglesia y educación laica”, refiere que “el Estado porfiriano se inclinó por la conciliación con la Iglesia católica, permitiendo al clero el manejo de numerosos centros educativos. Además de las escuelas adscritas a las parroquias del clero secular, diferentes órdenes religiosas, entre las que destacaron lasallistas, jesuitas, maristas, salesianos, josefinas, teresianas, guadalupanas, ursulinas y hermanas de la caridad, desplegaron una intensa actividad magisterial”.

A lo largo de la dictadura porfirista, el legado de Benito Juárez y los hombres de la Reforma, incluida la educación laica, dejó de representar una amenaza para la iglesia católica, una institución que durante 33 años tuvo libertad casi plena de impartir enseñanza confesional en los centros educativos de la época. 

A partir de la promulgación de la actual Constitución, las cosas cambiaron y la tensión entre la Iglesia católica y el Estado fue la nota dominante. El Congreso Constituyente de 1917 desconoció la personalidad jurídica de la Iglesia católica y redactó diversos artículos que aislaron a la jerarquía eclesiástica de los espacios educativos que durante el porfiriato le fueron favorables para sus fines educativos.

Tras la promulgación de nuestra Carta Magna, el clero católico mexicano reaccionó en contra del contenido de los artículos 3ª y 130, en los que se reiteraba la educación laica y la separación Estado-Iglesia. Las protestas del episcopado, pero sobre todo la encíclica Divini Illuis Magistri, de Pío XI, demostraron por enésima vez que la postura de la Iglesia católica en relación con la educación laica seguía siendo exactamente la misma que en la época del Syllabus.

Achille Damiano Ambrogio Ratti estaba un convencido de que el laicismo era causante del deterioro de las costumbres sociales. Por ello emitió la Divini Illuis Magistri, una encíclica que advertía sobre los supuestos peligros de la educación llamada laica o neutra, que según el clero, intenta excluir a Dios y a la religión de la enseñanza.

La encíclica en cuestión enseña, entre otras cosas, que la escuela laica excluye la religión y es, en consecuencia, “contraria a los principios fundamentales de la educación”. El documento de Pío XI renueva y confirma las declaraciones de Pío IX y León XIII sobre el carácter laico de la educación, así como “las prescripciones de los Sagrados Cánones en que la asistencia a las escuelas acatólicas, neutras o mixtas, es decir, las abiertas indiferentemente a los católicos y a los no católicos sin distinción, está prohibida a los niños católicos, y sólo puede tolerarse, únicamente a juicio del Ordinario, en determinadas circunstancias de lugar y tiempo y con especiales cautelas...”.

Actualmente, la postura de la Iglesia católica sigue siendo opuesta a la educación laica y en favor de la educación religiosa. Eso explica por qué dicha institución se interesó tanto en la aprobación de la reforma del artículo 24 constitucional, con el objeto de reconocer la enseñanza religiosa en los establecimientos de educación pública.

Publicado en la edición impresa de El Mexicano de Tijuana, el 19 de octubre de 2017.

viernes, 6 de octubre de 2017

Juan Carbajal, una vida dedicada a salvar vidas y formar bomberos

Sobre un posible sismo en Los Cabos, señala: "no se están cumpliendo con los reglamentos de construcción"


A la edad de siete años, Juan Antonio Carbajal Figueroa tuvo el deseo de ser bombero. Le nació serlo tras presenciar el incendio del único vehículo que su padre tenía para laborar en La Paz, Baja California Sur, ciudad ubicada a 157 kilómetros de Cabo San Lucas, donde hoy se desempeña como comandante del Heroico Cuerpo de Bomberos, institución a la que se incorporó en 1989. 

El anhelo de su infancia permaneció inalterable en su mente, por lo que, en su adolescencia, pidió su alta en el Cuerpo de Bomberos de La Paz, su ciudad natal, sin obtener respuesta favorable debido a su corta edad. Carbajal Figueroa nos explica en su modesta oficina situada en el segundo piso de las instalaciones centrales de la benemérita institución en Cabo San Lucas, lo que hizo al llegar a la comandancia de bomberos para que otros niños no sufrieran un rechazo similar al que sufrió él en su niñez:
Juan Antonio Carbajal Figueroa, comandante general
del Cuerpo de Bomberos de Cabo San Lucas (Foto: El Informante).

“Precisamente, porque a mí no me aceptaron en los bomberos de muy joven, cuando tomo la comandancia lo primero que hago es abrir el Cuerpo de Bomberos a los niños, y fundo el primer cuerpo de bomberos infantil, al que bauticé como Delfines, del cual yo fui su primer instructor.

“De ese grupo de niños, cuyas edades iban entre los ocho a los doce años, conservo a varios que ahora son mis oficiales. Dos de ellos son capitanes, otros sargentos, tenientes y algunos se quedaron como bomberos, que fue la primera generación de niños que empecé a instruir con una nueva filosofía.

“El grupo persiste aún, con una joven a cargo del mismo. Tenemos tres escuelas más: la de paramédicos juniors, jovencitos que instruimos en los primeros auxilios, desde básico hasta avanzado; otro grupo que se adiestra para el rescate acuático como salvavidas juniors, y un grupo más que es el de rescate de montañas y zonas agrestes. Está, además, la Academia de Bomberos, reconocida por la Secretaria de Educación Pública y cuenta con Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (RVOE), la única a nivel nacional. La estación funciona como escuela; obviamente pedimos que tengan preparatoria terminada, y hay una estructura que no se tenía antes, y eso es un cambio tremendo en estos 20 años que me ha tocado estar al frente de la corporación”. 

La preparación y experiencia de los vulcanos bajo las órdenes de Juan Antonio Carbajal le han permitido ayudar incluso fuera de su demarcación, como lo hicieron tras el sismo que el pasado 19 de septiembre estremeció la Ciudad de México y otros estados del centro del país.

“Nuestra jurisdicción es Los Cabos, pero vamos a donde nos ocupen. De hecho, el domingo 24 de septiembre regresó una cuadrilla de bomberos y rescatistas que mandé a la Ciudad de México. Tenemos un binomio canino, y lo enviamos para que participara en las labores de búsqueda y rescate. Fueron cuatro los elementos que estuvieron en la capital por espacio de cinco días, trabajando en coordinación con la Policía Federal, la Marina y el Ejercito. Participaron en dos o tres operaciones, y bueno, fue una manera de que el Cuerpo de Bomberos de Cabo San Lucas se hiciera presente”, refiere satisfecho.  

Al hablar sobre éste y otros sismos recientes, el comandante Figueroa Carbajal advierte con un dejo de preocupación que Los Cabos, aparte de estar en riesgo en temporada de huracanes, es también zona sísmica: 

“Hemos entrado a una etapa en la cual las famosas placas tectónicas, que pasan por en medio del Mar de Cortés y se conectan hacia la falla de San Andrés, están en constante vibración, desde Oaxaca pasando por todo el Pacífico, adentrándose hasta el Golfo de California. 

“Aquí en Los Cabos, a 80 kilómetros de un lugar que se conoce como Cabo Pulmo, hay un volcán activo en el fondo del mar. Yo me pregunto: ¿qué va a pasar el día que tengamos un sismo considerable y caigan edificios? Lo pregunto porque los que construyen no están cumpliendo con los reglamentos de construcción; son omisos en cumplir las normas oficiales mexicanas en materia de instalación de gas LP, electricidad y calidad de los materiales de construcción”. 

En la recta final de la entrevista, el comandante habla sobre huracanes y tormentas tropicales, y recomienda con evidente interés: 

“La gente que eligió a Los Cabos para vivir debe tener en su conciencia el hecho de que este lugar es paso obligado de los huracanes. Por ende, debe estar preparada: saber si su casa está en lugar seguro, que no sea zona de arroyo y que esté bien construida; saber si va a resistir los embates de un huracán categoría cuatro o cinco, y, si no lo está, prepararse para que lo esté”, concluye. 

jueves, 28 de septiembre de 2017

ESTADO LAICO, EN EL OLVIDO

Por Armando Maya Castro
La fusión Estado-Iglesia fue de gran perjuicio para la vida de México, pues estableció la intolerancia religiosa para favorecer por encima de todo y de todos a la jerarquía católica (Imagen: La Otra Opinión)

El pasado lunes, la clase política mexicana, que en los últimos años se ha caracterizado por la búsqueda del poder político por encima del Estado laico, no se acordó que el 25 de septiembre es un día significativo en la historia de nuestro querido México.

La mayoría de nuestros políticos olvidó que el 25 de septiembre de 1873, durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, el Congreso de la Unión, con 125 votos a favor y sólo uno en contra, constitucionalizó las Leyes de Reforma mediante la Ley de Adiciones y Reformas, postulando, entre otros, el siguiente principio: “El Estado y la Iglesia son independientes entre sí. El Congreso no puede dictar leyes estableciendo o prohibiendo religión alguna.”

De esta manera se dio forma al Estado laico mexicano, el mismo que en los últimos sexenios ha sido violentado por servidores públicos de diversos partidos políticos, quienes asumen los postulados del Estado laico en el discurso, “pero en la práctica los traiciona” (Barranco, 2016).

No creo que el olvido al que me refiero tenga que ver con la “preocupación” u “ocupación” de nuestros políticos a la difícil situación que se vive en la Ciudad de México y en los estados de la República que han sido sorprendido por los tres sismos de los últimos 20 días: el 7, 19 y 23 del presente mes. 

No niego que existan políticos interesados en auxiliar a los mexicanos que han sido golpeados duramente por las recientes catástrofes naturales, pero lo cierto es que la participación más impórtate en favor de los damnificados ha corrido por cuenta de la sociedad civil, quien ha vuelto a dar muestras de su admirable solidaridad en tiempos de adversidad. 

Esta omisión se debe, antes que nada, al desdén con el que muchos políticos mexicanos miran al Estado laico, lo que ha llevado a muchos de ellos a violentarlo de diferentes maneras, y a otros más a expresarse abiertamente en su contra, sin tomar en cuenta más de 150 años de separación entre el Estado y las Iglesias. 

Hoy en día existen políticos convencidos de que “el gobierno necesita trabajar también en la fe”, olvidando que el maridaje Estado-Iglesia fue de gran perjuicio para la vida de la nación, pues estableció la intolerancia religiosa para favorecer por encima de todo y de todos a la jerarquía católica. Así fue en casi tres siglos de periodo colonial y en las primeras décadas del México independiente, tiempo de fueros, privilegios y leyes que favorecían en exclusiva a la Iglesia mayoritaria, lo que convirtió a esta institución en la más rica y poderosa de México.  

Afortunadamente todo cambió a partir de Benito Juárez y los hombres de la Reforma, quienes tuvieron el mérito de levantar a la nación mexicana por encima de la Iglesia católica y sus intereses. La Constitución liberal de 1857, redactada durante la presidencia de Ignacio Comonfort, “marcó un antes y un después en la historia de México al suprimir la intolerancia religiosa y contener un avanzado capítulo de garantías individuales”, refiere Galeana (2006). Esta autora nos dice, en otra de sus obras, que "las Leyes de Reforma marcaron el nacimiento del Estado laico", para enseguida señalar que "México fue el primer país en el continente que decretó la separación absoluta entre el Estado y la Iglesia" (Galeana, 2004). 

Esto es justamente lo preocupante, que la clase política soslaye una fecha altamente significativa para millones de mexicanos, en la que fue establecido un régimen jurídico tan indispensable para una sociedad plural como la nuestra, que limita el poder de las iglesias, garantiza la libertad de conciencia, combate la intolerancia religiosa, brinda un trato igualitario a las asociaciones religiosas y garantiza el ejercicio de nuestros derechos.

Este imperdonable olvido, y las reiteradas e impunes embestidas contra Estado laico por parte de diversas autoridades de gobierno, obligan a levantar la voz para pedir a las y los legisladores de México que elaboren la ley reglamentaria del artículo 40 constitucional, a fin de dotar de contenido lo referente al Estado laico y establecer límites en la actuación de los funcionarios públicos, así como sanciones efectivas a los políticos y religiosos que incurran en atropellos al Estado laico. 

Publicado en la edición impresa de El Mexicano de Tijuana, el 28 de septiembre de 2017.

domingo, 24 de septiembre de 2017

MÉXICO SOLIDARIO

Por Armando Maya Castro

Hoy, como hace 32 años, el pueblo de México ha dado muestras indubitables de solidaridad y organización (Foto: Masdemx).

Primero el simulacro, en el 32 aniversario del terremoto del 19 de septiembre de 1985; luego la trágica realidad: un sismo de magnitud 7.1 grados en la escala de Richter que el pasado martes estremeció con violencia al centro de la República Mexicana, lo que provocó el desplome de más de 30 edificios en varios puntos de la Ciudad de México y, hasta ahora, 152 muertos, más de 800 heridos, 214 desaparecidos y 52 personas rescatadas de entre los escombros. El saldo preliminar en todos los estados golpeados por el temblor es de 291 muertos y 2,633 lesionados. 

Hasta el momento de escribir mi columna, el Servicio Sismológico Nacional (SSN) había registrado 39 réplicas menores del sismo del pasado 19 de septiembre, la mayor de ellas de cuatro grados. 

Y a propósito de réplicas, es obligado mencionar que lo que más se ha replicado en la Ciudad de México, así como en los estados de Morelos, Puebla, Edomex y Guerrero, es la solidaridad de los ciudadanos dispuestos a ayudar, esos que suelen adelantarse a la reacción de las autoridades, aunque esta vez no tanto como sucedió tras el terremoto de 8.3 grados, acaecido hace 32 años. 

En ese tiempo, la Ciudad de México tenía 18 millones de habitantes, pero no la tecnología actual. No se contaba con smartphones, redes sociales, WhatsApp y escáneres térmicos que ayudan a localizar vida bajo los escombros. Era aún el Distrito Federal, gobernado por el regente Ramón Aguirre Velázquez, hombre cercano al presidente Miguel de la Madrid Hurtado y aspirante a sucederlo en la presidencia. 

El sismo con una duración de poco más de dos minutos, aparte de ensañarse con los capitalinos, evidenció la incapacidad del gobierno encabezado por De la Madrid, quien se acuarteló en Los Pinos y Palacio Nacional en vez de apersonarse en la zona siniestrada, en donde miles de ciudadanos, como hormigas, se organizaron para localizar y rescatar sobrevivientes. Esta admirable reacción de los ciudadanos, desprovistos de los actuales avances tecnológicos, ha sido denominada por algunos como “el despertar de la sociedad civil”.

Aparte de su reacción lenta e inadecuada, el gobierno se equivocó al rechazar la ayuda internacional, afirmando que nuestro país estaba preparado para afrontar la situación sin la ayuda externa: “México tiene los suficientes recursos y unidos, pueblo y gobierno, saldremos adelante. Agradecemos las buenas intenciones, pero somos autosuficientes", declaró a medios (Poniatowska, 1988).

La acción demoledora del sismo del 85 provocó severos daños materiales en la ciudad de México, “donde la destrucción afectó a una mayor cantidad de gente: provocó daños en 5,728 inmuebles, derrumbando totalmente 465. El 68 por ciento de las viviendas afectadas (100,000) eran habitaciones familiares, por lo que quedaron sin casa cerca de medio millón de personas” (Isunza, 2001). 

El sismo del pasado martes provocó el colapso de menos edificios que los que se desplomaron en 1985, así como una reacción menos tardía y mejor organizada de las autoridades de gobierno, pero la solidaridad ciudadana ha sido la misma, lo que demuestra que México sigue siendo un pueblo unido y solidario. 

Hoy, como hace 32 años, miles de voluntarios han participado en las labores de rescate bajo la coordinación de la Marina y del Ejército Mexicano. Los que no pueden realizar proezas como las que llevan a cabo los topos, han participado en otras labores o enviando a los acopios medicinas y material de curación, alimentos preparados para rescatistas y voluntarios, así como equipos de rescate y retiro de escombros (picos, palas, mazos, guantes, etcétera), agua embotellada, alimentos enlatados, medicinas, etcétera. La ayuda ha sido tanta que el presidente de la Cruz Roja Mexicana calificó como “increíble” la bondad y apoyo de la gente.

Publicado en la edición impresa de El Occidental, el sábado 23 de septiembre de 2017.