sábado, 15 de septiembre de 2012

EL ANCESTRAL ODIO A LOS JUDÍOS



Por Armando Maya Castro

Hitler saludando a Muller el "Obispo del Reich" y a Abbot Schachleitner
 

En un reciente mensaje de saludo a los judíos de Europa, con motivo de Rosh Hashaná (año nuevo judío), el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, advirtió sobre el aumento del racismo y antisemitismo debido a los problemas económicos europeos: "En un momento muy difícil, tanto económico como socialmente, cuando algunas personas, incluso dentro de Europa, sienten la tentación de volver a conectarse con viejos demonios -el populismo, el racismo y el antisemitismo-, necesitamos más que nunca defender, proteger y promover juntos nuestros ideales comunes de paz, tolerancia, reconciliación y respeto a la dignidad humana ".

Este mensaje y los últimos sucesos de violencia en contra de rabinos en algunas ciudades de Europa, me animaron a escribir sobre el antisemitismo, término que el Diccionario “El Pequeño Larousse” define así: “Doctrina o actitud de hostilidad sistemática hacia los judíos”. Sistemático es lo que sigue o se ajusta a un sistema. Partiendo de esta definición, hemos de señalar que históricamente se ha hostilizado a los judíos por un sistema rígido que tiene sus orígenes en el catolicismo imperial.

Por estrategia, la actitud actual de la Iglesia católica hacia los judíos parece ser otra. La constitución “nostra aetate”, fruto del Concilio Vaticano segundo, señala entre otras cosas: “Además, la Iglesia, que ‘reprueba toda persecución’ contra cualesquiera hombres, consciente de poseer un patrimonio común con los judíos e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, ‘deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo’ de cualquier tiempo y persona”. 

En los primeros años de vida cristiana, ninguno de los miembros de la Iglesia primitiva consideró a la judía como una raza maldita. Los apóstoles elegidos por Dios, en sus epístolas a las iglesias contemporáneas, destacaban la prioridad que Dios daba a los judíos en la concesión del Evangelio: “Porque no me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Santa Biblia, Romanos 1:16).

En aquellos tiempos, ni se les consideró deicidas, ni seres dignos de muerte. Los miembros de la Iglesia sabían que el propio Jesús era de origen judío, como lo fueron también los doce apóstoles y los primeros cristianos. Sentir animadversión hacia los hebreos, hubiera sido sentirla hacia ellos mismos. 

Heinrich Fries, autor de “Teología Fundamental”, tiene toda la razón cuando define al antisemitismo como una forma de anticristianismo. Bajo esta definición, podemos decir que en los tiempos en que la Iglesia católica persiguió con odio irracional a los judíos, tuvo un comportamiento anticristiano.

Respecto al antisemitismo moderno, que con Hitler a la cabeza exterminó a 6 millones de judíos, Fries reconoce que “el antisemitismo cristiano fue una de las raíces del antisemitismo moderno”. De manera que en el holocausto nazi, la Iglesia católica tiene cierta responsabilidad, pues, todo parece indicar que Adolfo Hitler se inspiró en el ancestral odio de la Iglesia romana hacia los judíos. 

Esto explica por qué razón el papa Pío XII guardó silencio ante el holocausto nazi. Peter de Rosa encuentra una explicación al silencio de este pontífice romano: “La única explicación satisfactoria al silencio de Pío XII parece encontrarse en que, ante todo y principalmente, él era católico; católico antes que cristiano o ser humano, aun siendo como era un ‘excelente cristiano’ y una persona sumamente caritativa”.

Respecto al antijudaísmo milenario, Simón Wiesenthal, en su obra “El Libro de la Memoria Judía”, afirma: “Los judíos soportan lo que llamamos antisemitismo, desde hace más de dos mil años, desde que fueron echados o deportados del país que les pertenecía”. Tras este señalamiento, Wiesenthal, el más conocido cazador de nazis, sostiene: “Como lo muestra nuestro calendario, la persecución de los judíos fue siempre dirigida por los cristianos, primero por la Iglesia católica romana, luego por la Iglesia ortodoxa”. 

Simón Wiesenthal, al referirse a la responsabilidad de la Iglesia católica, sostiene: “Los papas, representantes de Cristo sobre la tierra, no pidieron jamás, ciertamente, la liquidación de los judíos, pero aprobaron su degradación: en los judíos humillados, el mundo entero podía ver la prueba del castigo infligido a todos los que rechazaban a Jesús”.

El autor antes citado afirma que el teólogo católico Juan Crisóstomo fue el inventor de la noción que culpabiliza a la nación judía de la muerte de Jesús de Nazareth. Sobre el término deicida, aplicado invariablemente a los judíos por la Iglesia católica, Wiesenthal nos dice: “En esa época, el concepto teológico fatal concerniente a los ‘judíos deicidas’ fue utilizado sobre todo por la Iglesia romana. En efecto, este término intolerante se empleó desde entonces y durante cerca de dos mil años para referirse a los judíos. Fue el Concilio Vaticano II el que resolvió que dejara de responsabilizarse a los judíos por la muerte del Señor, y que dejara de emplearse el término deicida, generador de un clima hostil y de grave intolerancia religiosa. 

Esto último representa un avance, aunque tenemos que reconocer que se debe hacer mucho más para desarraigar de este mundo el odio y la violencia en contra de los judíos. 

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